viernes, 6 de mayo de 2016

Iker Casillas en Portugal Año I.



Distintas personas que saben que paso el rato husmeando por el fútbol portugués me han ido preguntando a lo largo de estos meses por Iker Casillas. Algunos porque están más o menos al día, otros porque han visto a su mujer en distintas revistas y alguno que otro, cuando algún error del portero de Móstoles se hace viral más que preguntarme se contesta a sí mismo: "¿Casillas mal, verdad?
Y la verdad es que parafraseando a Mihura, "ni a bien ni mal, sino todo lo contrario". ¿Ha cometido errores? Alguno. ¿Ha hecho buenas paradas? Alguna. ¿Se ha integrado bien? Eso parece, se le ve a gusto y, sobre todo, descansado de ese entorno que lo ha rodeado en los últimos año.
¿Entonces qué?
Poco que decir, la verdad. ¿Indiferente?.
Más allá del mayor o menor impacto mediático/publicitario de su fchaje, el rendimiento de Iker (es curioso que ha pasado de ser Casillas a ser Iker) está en la línea de su equipo: discreto.
Otra cosa es si ese rendimiento amortiza la inversión realizada en su fichaje, y eso es algo que deberían analizar en los despachos de la Invicta.
Tampoco se puede juzgar a Casillas del mismo modo que a Venturas (Belenenses) o André Moreira (União de Madeira), que no tienen el mismo trabajo que el portero de un equipo grande. Poca diferencia hay entre el rendimiento de los porteros del líder Benfica (Júlio Cesar y Ederson), de Rui Patricio y el de Iker, siendo objetivos, aunque si le pedimos a cualquier persona que siga el fútbol portugués un listado de los porteros más determinantes de los cuatro primeros clasificados, apostaría a que el portero de los dragões no superaría a cualquiera de los tres porteros que han ocupado la portería del Sporting Braga este año.
No se puede decir que sus actuaciones no hayan ganado partidos, porque no es cierto, pero tampoco ha sido un portero dominador, determinante en la trayectoria de un equipo que no le ha ayudado mucho en su primera temporada como dueño de la "baliza" de los dragões. Simplificando, diríamos que no ha hecho nada que Helton (sí, ese portero siempre minusvalorado a este lado de la frontera) hubiese repetido, sin mayor esfuerzo ni mediatismo, en mayor grado en temporadas anteriores.


Y ahora vayamos a terrenos cenagosos. El caso de Iker Casillas es prácticamente inédito en el fútbol. Pocas veces se ha visto que a un jugador icónico en los mejores momentos del fútbol de su país, por motivos de lo más variados -y no siempre futbolísticos- haya generado una controversia tal que parece que Portugal no quede lo suficientemente lejos para huir de esta confrontación.
El gallinero mediático (a favor o en contra) ha ha acabado por reventar a un jugador que está teniendo un final de carrera cuando menos inmerecido, lejos del que cualquiera con una décima parte de su recorrido futbolístico debería tener.
Más allá del evidente bajón de rendimiento de Iker, a mí me llama la atención cómo las dudas han hecho mella en su cabeza. Al igual que e debutante que desea no fallar, el campeón del mundo se consume si comete un  error, demuda el gesto si el balón ha entrado en la portería y no cesa de pedir disculpas si afortunadamente no ha ocurrido eso. No sé si disfruta o no de su profesión, como es lógico, pero sí que sabe que cada error lo aleja un poquito de este intento de demostrar (innecesariamente) que todavía tiene cabida en el primer nivel del fútbol europeo.
Oporto no era un mal destino, a priori, el FCPorto tiene el suficiente perfil bajo a nivel europeo para el día a día (ahí ha estado acertado), pero lo que no ha tenido en cuenta es la brutal presión a nivel interno que, para su desgracia, coincide con la peor temporada de los dragoes en la última década.
Mientras, las declaraciones del portero madrileño hacen suponer que concluirá su contrato de dos años en el club, los rumores de la escasamente fiable prensa española lo sitúan en diversas franquicias americanas (siempre con sueldos estratosféricos). Quedarse es afrontar un reto, pero también un riesgo, de  prolongar un situación que el jugador no necesita -ni merece- de demostrar que es un mito indiscutible del fútbol español.
Lo fácil es jubilar a Casillas en las playas de Florida, lo más cómodo para él también. Lo difícil es quedarse, competir por un puesto con un recuperado Helton o el portero que puedan fichar, colaborar en la elaboración del nuevo proyecto oportista, ganar, y sobre todo sentirse útil para poder irse con la cabeza muy alta. El problema es cuánto hay de revancha, de rabia, de ganas de demostrarle a sus detractores (esos que en pocos años se morirán por entrevistarlo y llamarlo a sus programas) que no está acabado.
Por su bien, porque deportivamente -que es lo que debe interesarnos a nosotros más allá de filias y fobias personales- que tome la decisión que su figura se merece.

Para muestra de lo que hemos dicho, lo bueno y lo malo. Por si hay algún despistado que no haya pasado por aquí, le diremos que en portugués "Frango" (pollo) es el equivalente a nuestras "cantadas".







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